Cualquier tipo de vivienda se divide en
dos partes naturales, sin importar el estilo arquitectónico, ni el lugar del
planeta, ni la época en que la ubiquemos: Las zonas privadas y las zonas
sociales. Esto es así porque la estructura de la familia, en la historia de
la humanidad, es básicamente la misma y sus actividades dentro del hogar son
similares. Algunas de estas actividades son colectivas, como comer y
socializar con otros miembros de la familia, o con las visitas. Otras son de
recogimiento y privacidad, como dormir, las relaciones de la pareja, el
estudio o el simple reposo. Esto hace que la casa conste de dos partes:
Privadas y sociales
Desde un punto de vista oriental esto es
absolutamente natural y encuadra perfectamente con la teoría del Yin y el
Yang, es decir las fuerzas antagónicas pero complementarias que rigen todos
los ciclos naturales y los diversos aspectos del universo. El Yin representa
lo oscuro, lo húmedo, la quietud, la noche. El Yang representa el
movimiento, la luz, el día, el calor. Es así como el reposo o la actividad
privada sería una manifestación Yin de la naturaleza humana y la vida social
y activa sería la manifestación Yang de las personas. Dentro de este
esquema, las habitaciones pertenecen al aspecto Yin de la casa, mientras que
la cocina, el comedor el salón pertenecen al aspecto Yang
Este sería el primer acercamiento del
Feng Shui a estos ambientes de la casa: Identificar su energía dominante, al
menos por concepto. El salón es entonces un sitio de alta importancia, no
solo por su uso y posible ubicación, sino porque per se está imbuido en una
actividad energéticamente superior. Más allá de la reunión familiar en la
sala de la casa, este espacio es por excelencia el sitio para recibir las
visitas de personas que no vivan en la misma, bien sea por motivos sociales
o también relacionados con negocios u otros menesteres.
En la antigüedad, todo monarca que se
preciara, debía tener un buen salón del trono, desde donde podía recibir
emisarios extranjeros, presidir una fiesta de palacio o discutir asuntos de
política con sus ministros, por lo que este ambiente debía de reunir las
características necesarias que permitieran la flexibilidad de uso de
múltiples usos, guardando su jerarquía. Por supuesto que el monarca prestaba
atención a la configuración general del sitio, pero desde el punto de vista
chino, las consideraciones eran, como siempre, de tipo energético y
geoastrológico. El flujo del movimiento en el salón era estudiado con
cuidado y la ruta entre las aberturas, especialmente las puertas, era de
especial cuidado. Estas reflexiones siguen siendo válidas para la vida
moderna y aquellos que trabajan con sensibilidad y sentido común siguen
guiándose por patrones similares.
Como energía no
debemos entender simplemente la gente que camina, el aire y la luz, porque
en un sentido más profundo, las energías sutiles, que terminan por definir
el feeling de un espacio son más que eso, y es en ese nivel que queremos
hablar. Por ejemplo, si un salón tiene puertas en diagonal, la energía
penetra en el ambiente describiendo un tímido círculo alrededor de toda el
área, antes de salir. Una persona sentada hacia el centro de este ambiente
se podría sentir como flotando y quizás no tan a gusto, como quizás hacia
las esquinas, que si no se activan, también pueden parecer muertas.
En el caso en que una puerta esté justo frente a otra, la energía
tenderá a
acelerarse, lo que puede convertir al salón en un lugar inestable y poco
acogedor. En la más estricta tradición del Feng Shui, si la puerta del
frente de la casa y la puerta de atrás de la casa están alienadas y sin
obstáculos entre ellas, se considera de mal augurio, pues nada de lo que
entre en esa casa permanecerá ahí, pues saldrá disparado por la puerta
trasera. Sin llegar a la paranoia, sin duda que el concepto de estabilidad
sufre un atentado si se crea una corriente que vuelva poco acogedor el
espacio, por lo que es mejor evitar esta circunstancia.
Si
el salón tiene una sola puerta como entrada y salida la energía tiende a
circular y salir por el mismo sitio por lo que se puede crear un conflicto
entre lo que sale y lo que entra. Quizás trabajando con ventana laterales se
podría aliviar esta situación. En general el Feng Shui considera que no
debemos sentarnos en medio de la corriente, pero tampoco totalmente fuera de
ella, buscando un punto de equilibrio que a veces no es sencillo de
identificar o de lograr, pero lo importante es irnos sensibilizando para
ubicarnos correctamente.
Volviendo al salón del trono,
la tradición china dice que el emperador debía regir su reino desde
distintos salones, según las estaciones: En primavera debía ubicarse en el
salón Verde del Este, y de conformidad con el elemento Madera vestirse
también de ese color. En verano, debe regentar desde el salón de la
Claridad, al sur y vestirse de acuerdo al elemento Fuego, es decir de rojo.
Entre el verano y el otoño, debe gobernar desde la "Sala Suprema", al centro
y vestir el color del elemento Tierra, el amarillo. En otoño debe permanecer
en la "Sala de la belleza reunida" al oeste y vestir de acuerdo al elemento
Metal, de blanco. Y en invierno, debía ocupar la parte norte, la "Sala
oscura" o "Sala del misterio" y vestir de negro, de acuerdo al elemento
Agua.
Sea como fuere, para muchos de
nosotros puede ser poco probable que rijamos los destinos de nuestra casa
desde estos distintos salones, y quizás solo poseamos uno, pero en el mismo,
la ubicación de nuestro trono, o sillón, es tan importante como lo era para
el emperador de China. Para esto, los conceptos ya están claros y se aplican
para todo tipo de mueble en general.
La protección en la espalda es
lo más importante, y el control visual de la entrada es vital. Nuestro trono
no debería tener una puerta en un costado, ya que recibiríamos la llamada
agresión lateral y sabemos que los flancos deben estar bien protegidos (1).
El trono no debe, bajo ninguna
circunstancia dar la espalda a la puerta, dejando indefensa nuestra espalda
a la perturbación y el sobresalto (2).
Nuestro trono no debe flotar
inestable dentro del salón (3) y debería preferiblemente estar bien apoyado
a la pared.
Desde nuestro trono debemos
visualizar perfectamente puertas, ventanas (Ríos) y tener una buena pared
atrás (Montaña) (4).
Como se puede intuir en
párrafos anteriores, los colores y la decoración en general, para el Feng
Shui, se basan curiosamente en conceptos astrológicos, y será bajo esta
óptica que se determinará la preeminencia de alguno de los cinco elementos,
Madera, Fuego, tierra, metal o Agua, el que domine el salón. Sin llegar a
esta sofisticación geostrológica, algunos expertos sugieren sencillamente
que, estando el salón en sintonía con la energía Yang, los colores más
favorables aquí serían los excitantes, como los rojos y amarillos, dejando
azules y verdes a las habitaciones. También, los aspectos Yin y Yang pueden
trabajarse con luces y sombras, objetos decorativos muy claros y otros muy
oscuros creando hermosos contrastes.
En definitiva, la sala de la
casa es un mundo de oportunidades, que no solo debe ser la carta de
presentación de nuestra casa frente a los demás, sino una expresión de
nuestra personalidad y en definitiva un sitio de disfrute personal, tomando
en cuenta todo consejo útil de decoradores y practicantes del Feng Shui, que
ayude a mejorar la armonía, el equilibrio y el confort.
Arquitecto Míkel Barriola
Copyright © Mikel Barriola